El 6 de julio de 1923 salió a la venta el primer ejemplar de un diario que, con los años, se volvería y por lejos el de mayor circulación en Montevideo. Su función principal, de acuerdo a sus productores, sería darle a los trabajadores que a última hora de la jornada volvían al hogar desde la oficina, el comercio o la fábrica el “material de lectura [en el que] descansa y se dinamiza el espíritu colectivo, reñido con todo tema trascendental”. Por eso circulaba de noche y por eso nada —o muy poco— prometía sobre asuntos filosóficos, literarios, políticos o económicos y mucho sobre los temas que, intuía, podían interesar a esos lectores: fútbol, turf, crónicas policiales y urbanas, imágenes espectaculares y noticias sensacionales sobre “el mundo moderno”. El Diario sería, sencillamente y como su nombre lo indicaba, una actualización diaria de novedades, la última y por lo tanto la más fresca que podían consumir los montevideanos antes de irse a dormir y esperar las de la jornada siguiente.
Ya en sus primeros números captó uno de esos fenómenos que estaban cambiando el mundo y que, por lo tanto, merecían un lugar protagónico en sus páginas: el fascismo. Pero por detrás de —o mejor: entrelazado con— un enfoque estetizante que resaltó sus espectáculos de masas y la vida cinematográfica de sus carismáticos dirigentes había profundas razones políticas: El Diario era la apuesta editorial vespertina del sector riverista del Partido Colorado, que también publicaba el matutino La Mañana y que estaba en plena construcción de una derecha modernista —en el sentido amplio que el historiador Roger Griffin le ha dado a este término—, esto es, una que no fuera la mera reivindicación de un conjunto de tradiciones supuestamente barridas por la modernidad, si no también la plataforma desde la cual construir un Uruguay que superara el reformismo batllista asumiendo las transformaciones sociales, económicas y culturales que habían ocurrido en último medio siglo.
La selección documental que sigue da cuenta de la temprana recepción cultural del fascismo en Montevideo —y más adelante, también de la del nazismo— mediante las páginas de El Diario “de la noche”; demuestra que esa recepción se procesó menos en los términos de percibir con alivio una reacción dirigida a frenar el reloj de la historia (en concreto: el avance comunista) y más en celebrar la aparición de una fuerza revolucionaria y constructiva, capaz de resolver la profunda crisis espiritual que occidente enfrentaba desde mediados del siglo XIX y especialmente desde el fin de la Gran Guerra. Como dijera el corresponsal alemán que en 1933 informó sobre los primeros pasos del gobierno de Hitler (semanas después de que en Uruguay comenzara “la revolución de marzo” que, para El Diario, debía recorrer el mismo camino que el de los fascismos europeos) “no se trata, de ningún modo, de ‘restauración’, en cualquier sentido que se tome esta palabra. Se trata de un gigantesco, de un formidable proceso de alumbramiento, y lo que nace es completamente inédito.”
“La proyectada reforma de la ley electoral en Italia”, en El Diario, 16 de julio de 1923, p. 3.
“El jefe del gobierno de Italia, aviador”, en El Diario, 3 de junio de 1923, portada.
“El saludo romando de Mussolini”, en El Diario, 25 de junio de 1926, p. 7.
“Un buen augurio para el Duce”, en El Diario, 1 de diciembre de 1926, p. 3.
“Muchedumbre original y nunca vista”, en El Diario, 1 de diciembre de 1926, portada
“Un símbolo de la nueva Italia”, en El Diario, 28 de enero de 1929, portada.
“La nariz del Duce”, en El Diario, 30 de junio de 1931, portada.
“La indomable energía del Duce”, en El Diario, 1 de julio de 1931, portada.
“Le tiraron de las orejas, pero con motivo de cumplir años”, en El Diario, 29 de julio de 1931, p. 3.
“La juventud fascista en Italia” y “Hitler lee la prensa”, en El Diario, 29 de julio de 1931, p. 3.
“Los ojos y los gestos de Mussolini”, en El Diario, 27 de octubre de 1932, p. 3.
“Contra ellos se adoptan medidas”, en El Diario, 6 de febrero de 1933, p. 3.
Adolfo Agorio y Mario Radaelli, “El galope de la muerte”, en El Diario, 7 de febrero de 1933, p. 3.
“Hitler el Salvador”, en El Diario, 9 de marzo de 1933, portada.
“Algunos aspectos de la organización hitlerista en Alemania”, en El Diario, 4 de abril de 1933, portada.
“Un acontecimiento banal que posee su importancia”, en El Diario, 4 de abril de 1933, portada.
“Se dedica al periodismo el jóven Mussolini”, en El Diario, 20 de abril de 1933, portada.
“De la campaña antijudía en Alemania: las fuerzas de asalto imponen el boycot”, en El Diario, 25 de abril de 1934, portada.
“La juventud ‘nazista’ en marcha”, en El Diario, 8 de mayo de 1933, portada.
“El hombre que domina las multitudes alemanas”, en El Diario, 13 de mayo de 1933, p. 2.
“El 1° de mayo en Alemania” y “En el clásico lugar socialista”, en El Diario, 28 de mayo de 1933, portada.
“Semidioses de nuestro tiempo”, en El Diario, 1 de julio de 1933, portada.
“De la nueva Alemania bajo Hitler”, en El Diario, 10 de julio de 1933, portada.
“El pueblo italiano saluda al Duce y exclama ‘tú eres todos nosotros’», en El Diario, 1 de agosto de 1934, portada.
“El progreso industrial de Alemania” y “Un pic nic de obreros alemanes», en El Diario, 12 de setiembre de 1934, portada.
“Mussolini agricultor”, en El Diario, 14 de setiembre de 1934, portada.
“La educación de la mujer a cargo del régimen fascista”, en El Diario, 21 de setiembre de 1934, portada.
“El servicio del trabajo abandonando la ciudad de Nuremberg”, en El Diario, 17 de noviembre de 1934, p. 3.
“Hitler saluda a los obreros de las minas”, en El Diario, 18 de noviembre de 1934, p. 3.
“Una entrevista con Mussolini”, en El Diario, 26 de enero de 1935, p. 3.
“Fue alcanzado por un rayo el avión de Mussolini ”, en El Diario, 6 de julio de 1935, p. 3.
“Hitler ante su pueblo”, en El Diario, 16 de diciembre de 1935, p. 3.
“La asimilación de los indígenas del Tigré comienza con el uso del saludo romano”, en El Diario, 21 de diciembre de 1935, portada.
“Diarios callejeros en Roma”, en El Diario, 30 de diciembre de 1935, portada.